Julio Verne soñó

¿Sabía que esta es la única ciudad de Europa donde puede toparse con un elefante por la calle? Viajamos a Nantes, lugar de nacimiento de Julio Verne y donde el espíritu fantasioso del escritor está más vivo que nunca, con marionetas gigantes como el anterior paquidermo o antiguas fundiciones reconvertidas en verdes vergeles.

El castillo de los duques de Bretaña, corazon del barrio medieval de Bouffay.

También de aquí son los creadores de algunas de lasmarionetas animadas gigantes más hermosas que pueda imaginar, Les Machines de l’Île, y que tal vez haya visto en eventos en Berlín (como el aniversario de la Caída del Muro), o en Madrid, en el tradicional desfile de los Reyes Magos. Seguramente no sea casualidad que tanta imaginación y fantasía emane del mismo lugar, Nantes, ciudad a orillas del río Loira, en el oeste de Francia. Antaño, cuando el río cruzaba el centro de la urbe, había muchos puentes, lo que le valió el nombre de la Venecia del Oeste. Pero las inundaciones eran numerosas así que se decidió desviar el curso de las aguas, para lo que se ideó un sistema de sujeción para muelles y edificios del centro que fue construido por holandeses. La sorpresa vino cuando posteriormente descubrieron que los inmuebles estaban torcidos, ¿cómo era aquello posible? Los técnicos del norte, en sus cálculos, supusieron que la arena de la ciudad era similar a la de su país, y no fue así. El terreno dio lugar a edificios ladeados, algo que se aprecia muy biendesde el mirador de la Tour Bretagne, conocida entre los vecinos como laverruga de Nantes por ser el único rascacielos de la urbe que sobresale, con creces, sobre el resto de arquitectura.

Un paseo por el tiempo

Esta particularidad marida a la perfección con el carácter imaginativo de Nantes, que ha sabido dejar atrás su pasado industrial y reconvertir sus vestigios en lugares de ebullición cultural: un jardín en mitad de una antigua fundición, la vieja fábrica de galletas Lu, que es lugar ineludible si uno quiere impregnarse de lo que pasa en la ciudad, y esculturas por doquier. Si pasea por Nantes conviene llevar bien abiertos los ojos porque cada rincón es una sorpresa. Y las hay para todos los gustos: si lo suyo es la arquitectura más clásica, el barrio medieval de Bouffay, cerca del castillo de los duques de Bretaña y de la catedral, cuenta con unas hermosas fachadas del siglo XV y casas de piedra del siglo XVIII. De esta misma época es la plaza Graslin, con el teatro y la espléndida brasserie La Cigale.

Si seguimos viajando en el tiempo, del siglo XIX es el antiguo palacio de Justicia que pasó a ser en 2012 el hotel Radisson Blu. Y ya en el más reciente siglo XX, la mencionada Tour de Bretagne con su espectacular mirador en el piso 32 y el apabullante nuevo Palacio de Justicia, obra de Jean Nouvel, que recuerda a las construcciones navales. Entre los edificios emblemáticos están también la Torre Lu, con su maravilloso y casi onírico mirador giratorio y el espléndido pasaje Pommeraye, una galería comercial donde lo que le costará es mirar los escaparates de las tiendas considerando la belleza de sus estatuas, arcos y escaleras.

Decir Nantes es hablar también de una rica historia marítima y fluvial.Pasee en coche, andando o en bici por el estuario y disfrute de sus 30 instalaciones de arte contemporáneo que empezaron siendo una bienal de arte y se han quedado a formar parte del paisaje a lo largo de los 60 kilómetros que separan Nantes del pueblo costero de Saint-Nazaire. Las obras nos sorprenden en el lugar más insospechado: una casa a medio inundar en el medio del río (La Maison dans la Loire), un velero al más puro estilo daliniano que intenta escapar de un cementerio de barcos (Le Pellerin), una casa encima de un faro (Le Pendule), donde el visitante puede quedarse a dormir… Durante el verano, el estuario del Loira puede recorrerse también en barco.

Pero, sin lugar a dudas, uno de los lugares preferidos por los autóctonos y que está en constante ebullición y metamorfosis es la Isla: antiguamente, albergaba hangares y astilleros que han sido reconvertidos en puntos de encuentro. Por ejemplo, el hangar de los plátanos acoge bares y restaurantes. Además, a lo largo de toda la isla hay jardines, explanadas, paseos junto al río, e incluso, una playa de 600 metros cuadrados. Pero la atracción que hace las delicias de grandes y pequeños es, sin duda, Les Machines de l’Île: sólo por este proyecto que evoca los mundos fantásticos de Julio Verne y el universo mecánico de Leonardo Da Vinci ya le habrá merecido la pena el viaje.

Post by: Francisco Neri Bonilla

Author: Francisco Neri Bonilla

Francisco Neri is an entrepreneur and a proven specialist in operations. With extensive background launching and managing different kinds of businesses he has more than 15 years of experience in delivering integrated marketing, logistics and digital solutions to multinational clients and companies. Francisco has extensive operating experience in different industries including corporate advertising and corporate communications, marketing solutions, specialized publications and high-profile events design and production. Francisco graduated as B.A. in law at UCAB.

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